• Christel Drapier

El “pretexto” del pan

Tengo que hacerte una revelación… Estoy ¡“peleada con el tiempo”!

¿Cómo es posible? Vivo en el campo, en nuestra finca ecológica, en un pueblito encantador y tranquilo, rodeada de mi familia.


¿Porque estaría peleada con el tiempo? Pues, analizándolo con más detenimiento, estoy siempre en actividad, empiezo el día armando una lista mental tipo “to do list” con las tareas que me propongo cumplir. Y luego empieza la locura. Se encadena una actividad tras la otra sin parar. Te ahorro los detalles, pero va desde limpiar la cocina o el baño (¿si, no es tan romántico, cierto?) hasta revisar las fracciones con mi hija de 9 años, pasando por el seguimiento de los participantes a los talleres, o escribir para el blog (como en este preciso momento), cuajar la leche para la elaboración de los quesos de cabra, sin olvidar las gallinas y las cabritas, (una de las tareas más lindas que tengo en el campo). Y eso, que cuento con la ayuda incondicional de mi compañero para cumplir con la otra lista de tareas… ¡sí, sí, hay otra!




Y de repente en esta “pelea” aparece “el pretexto” para parar todo… una pausa, un momento suspendido en el aire, una revelación, una magia… ¡EL PAN!


En casa, horneamos cada dos días, pero detrás de cada horneada hay un ritual: ¿qué se me antoja?… ¿un pan rústico de masa madre con mucho carácter? (este me suele antojar los días lluviosos); ¿unas trenzas dulces? ideal para acompañar el desayuno con un rico café; o ¿unos pancitos de Viena con harto chocolate? para darle el gusto a mis peques y, como no, ¡a nosotros también!


Luego la preparación de todos los ingredientes previamente comprados (no me puedo permitir correr al super, ¡vivo a 45 minutos de la primera ciudad!) y escogidos con harta conciencia: harinas orgánicas y molidas a piedra de nuestros amigos de la Granja El Molino, chocolate orgánico, mantequilla, huevos de campo de nuestras gallinas felices, etc. Estos ingredientes de calidad son claves para lograr un producto a la altura del paladar de mi familia.


Y cuando llega el momento tan esperado de amasar, me desconecto y me reconecto con la materia noble, con el momento presente, y disfruto. Soy consciente que bajo mis manos está naciendo lo que más tarde será nuestro pan…. Una alquimia que empieza y seguirá ritmando el proceso hasta la horneada. Al amasado le sucede varias otras etapas de panificación y técnicas (boleado, pliegue, formado, etc.), que luego de mucha practica y dedicación hacen parte de mí, las respeto, y las valoro porque, aunque parecen pequeñas intervenciones (tal como los pliegues) hacen una verdadera diferencia. Es como cuidar la vida naciendo, guiándola de la mejor manera hasta su culminación.




Este pretexto, es el que guía, de una cierta manera, los talleres de pan casero y artesanal que dicto. El formato de mis talleres es de un día entero, al ritmo del pan. Pero también al ritmo de la gente…. Es decir, darse el tiempo durante un día de aprender el arte de la panificación aplicada a la casa, y de desconectar de su rutina para compartir con otras personas, cuyo único punto en común (por lo pronto) es el pan…


El pan, sin duda, es un hermoso pretexto de parar, de reconectarse y de compartir.


Christel Drapier - Con la Chispa Panadera



SÁBADO, 21 DE MARZO - TUMBACO

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